Teresa Jiménez-Becerril, hermana del concejal del PP de Sevilla Alberto Jiménez-Becerril, asesinado junto a su esposa por ETA en enero de 1998, contesta en esta carta abierta el artÃculo de Antonio Gala publicado por este periódico el pasado lunes dentro de su sección La Tronera. Gala criticaba la concentración de la Asociación de VÃctimas del Terrorismo que, a su juicio, «fue utilizada por el PP sin consecuencias visibles».
Carta abierta a Antonio Gala
TERESA JIMÉNEZ-BECERRIL
Señor Gala, aunque usted no me conozca, yo sà he tenido el placer de conversar con usted, cuando aún era una niña, en Chipiona, en La TañÃ, el bar de un Ãntimo amigo de mi madre y suyo, Ricardo, donde los que amamos ese pueblo gaditano hemos pasado tan buenos momentos. Me parece verlo, sentado en su taburete, con su bastón, su empaque... y me parece verme allÃ, mirándole como se mira a los elegidos, a aquellos capaces de escribir cosas tan bellas como las que usted ha escrito.
Quiero decirle que lo que no consiguieron cientos de miles de personas con sus aplausos en la madrileña plaza de Colón, el pasado sábado, lo logró usted el lunes con unas cuantas frases dentro de un recuadro. Usted me hizo llorar. Caminaba sola por una calle de TurÃn, sin poder evitar las lágrimas. Si su propósito era lastimar a las vÃctimas del terrorismo con sus comentarios acerca de la manifestación, en lo que a mà respecta, se puede dar por satisfecho. No me he sentido ni humillada, ni enfadada, simplemente he padecido una profunda tristeza y una gran soledad. Por tanto, objetivo alcanzado, señor Gala. Ha logrado que una persona, que estaba lejos de disfrutar de una efÃmera gloria que ni ansiaba ni merecÃa, llorase al descubrir no sólo la falta de piedad de algunos de sus compatriotas, sino la falta de respeto de alguien como usted a quien admiraba y a quien me hubiera gustado seguir admirando.
Lo que para usted eran «chillidos», para mà era una voz limpia que intentaba decir de la forma más clara posible cómo habÃa perdido a su hermano y a su cuñada y cómo su madre luchaba a diario con dignidad y valor para sacar a sus nietos adelante. Con hijos o no, sabrá lo cansado que es lidiar con niños en los tiempos que corren. Al hablar de mi familia, yo no buscaba la compasión sino la comprensión. Allà arriba, en medio de la plaza, sentà que la gente me comprendÃa; quizás no pude evitar que me compadecieran, a pesar de que mi relato evitaba entrar en la dura realidad cotidiana, para no provocar la lágrima fácil. A pesar de ello, mi familia, gracias a ETA, estará siempre marcada por la tragedia y aunque seamos o intentemos ser felices, quien conozca nuestra historia buscará la pena en nuestros ojos.
Que gente como usted me tachara de estar manipulada por el PP era algo a lo que yo me exponÃa dado el clima polÃtico que se respira en España, pero ése es el precio que estaba dispuesta a pagar por mantener mi libertad. Yo no pertenezco a ningún partido, ni sindicato, ni asociación. Mi hermano, que era el polÃtico de casa y lo fue de vocación temprana, me decÃa que yo era «un residuo del 68». Me pregunto qué pensará viendo gente como usted que insiste en que el Partido Popular me dirige. Se reirá y se dirá «¿A mi hermana? ¡Si ni siquiera yo que era su hermano, pude hacer carrera de ella..! (polÃticamente hablando)». Pero Alberto no está aquà para defenderme, ejerciendo su derecho a opinar. Yo en cambio sà lo estoy, y como ciudadana le recuerdo que vivimos en democracia y que yo esté en contra de la polÃtica antiterrorista del señor RodrÃguez Zapatero es tan legÃtimo como que usted esté a favor. Moralmente hablando es difÃcil que usted y yo terminemos empatados en ese asunto, pero ésa es otra historia. Recuerdo que usted ha criticado duramente la guerra preventiva del actual Gobierno americano, sin que por ello nadie le presente como un tÃtere de Zapatero. Que sus opiniones estén en sintonÃa con el PSOE no quiere decir que el partido controle sus escritos, ¿no es cierto, señor Gala? Si usted puede seguir escribiendo libros y artÃculos sin tener que preocuparse de la afiliación polÃtica de sus lectores, yo le pedirÃa que permita que yo también hable y escriba sin tener que estar continuamente recordando que soy un espÃritu libre e independiente. Si en lo que al terrorismo se refiere, mis palabras agradan a una parte de la sociedad española y desagradan a otra, no es debido a mi filiación polÃtica, que sólo está definida para aquellos que, como usted, me critican, sino a la dureza de mi testimonio, que siembra inquietud en quienes están llevando adelante este desconcertante proceso y en quienes les apoyan.
Señor, siga usted escribiendo novelas y crónicas, que yo seguiré recordando a mi hermano en público cuanto me plazca.










