En el informe se solicitaban, ante todo, medidas pasivas para protección de los cuarteles, como la instalación de bolardos, reforzamiento de los muros exteriores, puertas blindadas, cristales de espejo, etcétera.
En concreto, para el de Legutiano se proponía la «sustitución del vallado metálico por un muro de protección en altura de la fachada de entrada y en el lateral sur».
Asimismo, los responsables de la Benemérita en el País Vasco, al frente de los cuales se encuentra el general de brigada José María Petisco Fernández, pedían la «colocación de bolardos de cemento y postes metálicos en el lateral sur para impedir el acceso de vehículos».
Las medidas pasivas, como los muros y los bolardos, resultan muy importantes para «alejar» los coches bomba de los edificios de los acuartelamientos con el fin de que la onda expansiva los alcance con la menor fuerza posible.
El citado informe solicitaba medidas similares para otros 25 acuartelamientos del País Vasco, la mayoría de las cuales no se citan por lógicas razones de seguridad. La instalación de puertas blindadas o cristales de espejo (para ver desde el interior sin ser vistos) eran algunas de ellas.
En cualquier caso, se trata de medidas que pueden ser adoptadas por la propia Guardia Civil que, recuerdan las referidas fuentes, ha realizado en los últimos años un importante esfuerzo en este terreno, aunque, ante la amenaza terrorista, todo lo que se haga parece poco.
Las fuentes consultadas han señalado que el pasado viernes se celebró una reunión con carácter urgente en la Dirección General de la Guardia Civil en la que, entre otros asuntos, fue estudiado el mencionado informe.













